Hoy, 8 de marzo de 2021, os quiero recomendar el libro Iron John de Robert Bly. Un libro sobre la esencia verdadera de la masculinidad y una puerta abierta para el desarrollo de un nuevo modelo masculino. Modelo útil para los hombres, pero también para las mujeres. Y me quiero centrar en por qué me parece útil para las mujeres: Primero porque los principios masculino y femenino se encuentran en cada ser humano. Qué digo ser humano… en TODO. Son el Yin y el Yang, con el Yang dentro del Yin y el Yin dentro del Yang. Porque las mujeres solo podemos integrar nuestra propia energía masculina si la comprendemos y la aceptamos. porque nuestra energía femenina no puede sanar si no sanamos la masculina. Porque no hay mujeres completas si no hay hombres completos. Porque si nos quejamos de que nuestra pareja es inmadura, es que nosotras también somos inmaduras. Porque unos somos reflejo de los otros. Y, en definitiva, porque esto no va de hombres y mujeres sino de que somos UNO… o UNA… que más da, o así: 1.

No entiendo un femenino que se dirige a los hombres con odio, aunque puedo sentir la carga de siglos de dolor y generaciones de abuelas que nos susurran al oído que vigilemos, que no nos fiemos, que trabajemos y seamos independientes de ellos, que los castremos (simbólicamente, claro) para que no puedan desarrollarse como hombres completos y así no se conviertan en un peligro. Y también les susurran a ellos al oído que son peligrosos, que hacen daño a las mujeres, y muchos se convierten en una especie de niños complacientes o muebles que parece que apenas están ni para quitarles el polvo, hasta que, a veces, la sombra estalla y entonces nos sorprende y aparecen esas frases «pero si era tan bueno, quien lo habría dicho».

Hemos asociado al hecho de ser hombre, por un lado, una imagen de brutalidad que no se corresponde con lo que significa la energía masculina en su esencia, y muchos hombres al huir de este esquema y no saber encontrar otro, solo viven desde lo femenino se quedan en una etapa infantil, aunque luego resulta, inevitablemente, que acaban encontrando parejas masculinizadas… y es que en este mundo dual los opuestos se buscan, y se encuentran. Por el otro lado, también tenemos grabado en nuestro inconsciente más profundo que ellos son mejores, que merecen más, con lo que muchas mujeres han acabado abandonando su propia feminidad. Eso ocurre especialmente en el terreno profesional, pero también lo podemos observar en las otras esferas de la vida. Fijaros, ahora hasta hay cuentos para niñas en los que se desprecia el ir vestida de princesa, ser presumida o el color rosa… Yo cuando lo veo… me dan ganas de vestirme de princesa y de rosa, y quien me conoce sabe bien que no es mi estilo.

Me parece necesario darnos cuenta de que cuando odiamos o rechazamos algo, automáticamente nos estamos aferrando  a ello. Para ser verdaderamente libres hay que pasar por el amor y aceptar. Entonces ya no es un problema ir de rosa, seas quien seas. Entonces ya no es un problema la agresividad y la podemos integrar sin juzgar, y gestionar, comprendiendo que en un momento dado puede ser un recurso que nos salve la vida a cualquiera de nosotros.

Pienso que la gran tarea del feminismo es sanar y amar esta energía masculina dirigida a la acción, asertividad, sentido de protección, defensa, dirección y logro de objetivos, tan necesaria como lo es la femenina, relacionada con la receptividad, seducción, cuidados, empatía, aceptación, intuición y creatividad. Una energía femenina que también está herida, y muchas veces ninguneada y apaleada por las propias mujeres.

Y repito para evitar malentendidos, en todos y todas habitan estas dos almas, femenina y masculina.

Abrazos,

Mercè

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